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El Mercat de Santa Caterina, toda una historia

Situado en medio de Ciutat Vella, en el barrio de Sant Pere, Santa Caterina y la Ribera, el Mercado de Santa Caterina ha sido testigo de excepción de la historia de Barcelona. De hecho, este fue el primer mercado cubierto de la ciudad.


Se inauguró el 1848, a pesar de que las obras empezaron el 1844, después de un real decreto que concedía en el Ayuntamiento de Barcelona antiguos terrenos eclesiásticos para proceder a su edificación.

El mercado de Santa Caterina es un edificio aislado que ocupa una manzana entre la avenida Francesc Cambó y las calles de Freixures, de en Giralt el Pellisser y de Colomines. Se encuentra muy cerca de la Vía Laietana, del Palau de la Música, de Santa María del Mar y de la Catedral Gótica.


El Mercado nacía con la intención de favorecer el suministro de víveres los sectores populares de la ciudad.

El arquitecto designado por el ayuntamiento fue Josep Mas Vila. Este elaboró un primer proyecto ambicioso, que se apresuraba a crear un mercado con una importancia y unas funciones que sobrepasarían de lejos las plazas y mercados que en aquel momento; El Mercado del Borne y el de Sant Josep de la  Boqueria.

Se trataba de instalarlo en el centro de la ciudad, a dos pasos de la catedral. Construir un mercado dedicado al comercio al por mayor, incluida la venta de carne. Pero el Proyecto no salió bien, puesto que su realización requería la adquisición de los solares que había al lado, cosa a la cual se opuso el Gobierno de Madrid.

A pesar de todo, el Mercado empezó a funcionar, de forma provisional. En 1846 se había instalado una pescadería y también diversas paraditas, la situación de las cuales, había subastado el ayuntamiento a fin de contribuir a la financiación de la construcción.

Durante la postguerra, en los cuarenta del siglo pasado, fue el centro de abastecimiento de la población y de las ciudades vecinas; San Adrià de Besos, Santa Coloma de Gramenet, Badalona, el Masnou, Mataró… desde donde la gente se desplazaba con los tranvías que tenían inicio y final en la Calle de Trafalgar y Ronda de Sant Pere.

La historia del Mercado, pues, empieza con el derribo del convento, que fue destruido en 1835 a causa de las revoluciones de aquella época.

La plazoleta de Santa Caterina se denominaba antiguamente la plazoleta de las Carretillas, en la cual se celebraba una feria de cántaros el día de San Domènec, según notas de Joan Amades.

Los monjes de Santa Caterina tenían un pozo al claustro, la boca del cual desapareció en una de las reformas antiguas del Mercado.


El agua de aquel pozo se consideraba milagrosa para curar las fiebres palúdicas, según comentarios de la gente de aquella época. Por San Domènec, los monjes la repartían a quién lo solicitara.


Para que el agua no se contaminara, se acostumbraba a estrenar un cántaro para ir a buscar, por este motivo se instauró la feria de los cántaros.

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